Tránsito.

Era un día no tan común, puesto que tenía una cita importante. Asistiría a una entrevista de trabajo, un empleo muy a fin a lo que le gusta. Estudió Economía en la Metropolitana, se dedicó a las finanza. Un empleo en la Bolsa de Valores, su sueño.

La noche anterior preparó su ropa, camisa, corbata, traje, zapatos, todo impecable para la ocasión. Al día siguiente, por la mañana, muy temprano se despertó y levantó para asearse, sacar a su perro y desayunar, no le gusta salir de casa con el estómago vacío. Cogió las llaves de su automóvil, un deportivo que se compró con la herencia que le dejó su padre, justo hace un año.

Le gusta la puntualidad, no importa que tipo de cita sea, procura llegar siempre algunos minutos antes. Salir con tiempo, ya que, el Distrito Federal (DF) es un caos con tanto vehículo y gente, sobre todo cuando llueve. Esa mañana salió con el tiempo justo, llegaría a la hora precisa o, quizás, unos minutos tarde, podrían ser díez, no más. Para colmo de los males, otro automóvil, el de un vecino, le estorbaba, cada situación lo iba atrasando. Era un día de esos en los que no se debe de despertar. Por fin pudo salir del estacionamiento. Hora de entrada de los colegios, coches estacionados en doble fila, ocasionando caos víal; transporte público cerrandose a los demás carros; un choque en el primer semáforo. Todo iba mal, no habría duda, llegaría tarde a su cita. Viró en una calle, para dirigirse por un atajo, pero, ahora, los atajos dejaron de sérlo, estaba saturado. Salío de allí, de pronto, las calles y las avenidas se desasolvaron.  Todo comenzó a fluir. El tránsito no lo desesperaba ni lo estresaba, pues no ganaba nada con ello. Siempre relajado al conducir.

Es un correr de gente por toda el DF, tanto en vehículos particulares, transporte público y/o al caminar. Es un hervidero de gente esta ciudad. No avanza el metro, los usuarios chiflando para apurar al conductor; el transporte público ocasionando caos víal; los transeúntes chocando entre ellos, bocinas sonando y la gente gritándose mentadas de madres.

No le gusta corres en su auto, no le agrada la velocidad. Sabe correr. Así que, ese día, por no llegar tarde, comenzó a correr su coche deportivo, iba esquivando carros, peatones, ciclistas, vendedores ambulantes: tamaleros, panaderos, taqueros, etcétera. Estaba a una cuadra del edificio donde lo entrevistarían, tenía cinco minutos para llegar a su cita a tiempo, pero, no se detuvo a observar si  venía coche sobre la calle que cruza la avenida por la que él va transitando, cuando de pronto, un trailer lo impactó y lo arrastró. Murió al impactarse el trailer con su deportivo, se desnucó. Así es, estimados lectores, es la única cita a la que nunca llegaremos tarde, siempre puntuales.

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