Sin chile.

Deja le preparo otra cosa de comer a mi hjio. Estabamos en casa de Tutú, en Ciudad Sahagún, Hidalgo. Allí pasabamos las vacaciones de primavera y verano, una semana. Ese día cocinaron enchiladas verdes, Tutú le comentó a su hermana que no, que su hijo tenía que comenzar a comer picante. Así que tuve que aguantar la enchilada, la primera de mi vida. Poco a poco me fui acostumbrando y, cada vez, consumía más picante, hasta comer chile verde de árbol y habanero crudo, claro, éste último es el mejor, hace menos daño al estómago.

Mi padre fue un gran cosumidor de picante, cuando ibamos a comprar la despensa, con éso de que, sin albur, comenzaron a introducir hasta chiles chinos, mi padre, para coger de los mexicanos, mordia un chile de los que se encuentran en cada recipiente, en la sección de fruta y legumbres o, incluso, en el mercado, para así escoger los más picosos. Sabía de clases de chiles, hoy en día, cuento con algunos botes medianos y grandes, llenos de diversos chiles, los que utilizo para cocinar algunos guisados, por ejemplo, guajillos, anchos, de árbol seco, piquín, pajarito, a éste lo tostaba con aceite y sal, decíamos que eran cacahutas, lo colocabamos en un recipiente de madera y lo comíamos como si fueran cacahuates, muy picoso y delicioso, sobre todo con los frijoles negros ballos gordos de la olla, express, con su cebolla, ajo y epazote. En ocasiones, los guisos que cocinaba mi padre eran demasiado picosos, incomibles, pero los saboreabamos igual. Le encantaba hacer costillas de cerdo en tomate verde con un buen puñado de chiles pajaritos con sus respectivos de la olla.

Por otro lado, a mi madre y a mí nos fascinaban las tortas de frijoles con harto chipotle. También, aprendí a cocinar el caldo tlalpeño como lo cocinaba mi mdre, con su cebolla y tomate verde picado, su hierbabuena y su chipotle, sí, aúque no consumía, mi madre, tanto picante como mi padre y yo, a ella nada más le gustaba que le diera el sabor a picor, no más. El caldo de pollo no nos gustaba a mi madre y a mí, ella me enseñó a decir: caldo de pollo, ni que estuviera enfermo, ton´s, para darle un sabor diferente, picaba cebolla, cilantro y chile de árbol verde y lo vertiamos en el deliciosos consomé, ella poco, apenas un chile, yo demasiada cebolla y harto chile, hasta sudar y moquear.

Sí mi padre no se enchilaba decía: sabe a sacate, opino lo mismo.

Hace algunos días cociné una enchiladas verdes sin tanto chile, bueno, si son enchiladas deben de enchilar; las salsas deben de picar, si no, saben a sacate.

Estoy a punto de cambiar de estilo de vida, mi novia no come nada de picante. Ahora que vivamos juntos, al que le toque cocinar, será sin el picor que me agrada. Será una vida sin chile.

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