El arpa mágica.

Todos los animales estaban alrededor de su lecho, pobre Rebeca, murmuraban, de ésta no se levanta, se ve muy mal, era una cacofonía de malos presagios. Rebeca es una gallina robusta, con una exuberante pechuga, unas piernas regordetas, una cresta roja, bien levantada, su comida favorita era el maíz fresco. Estaba enferma, muy enferma. No quería levantarse de su nido. La fiebre no cesaba. Era cuestión de días. Todos los animales de la granja estaban pegados a ella. Muchas recetas le habían preparado y suministrado, pero ninguna paliaba los dolores y la fiebre. Nadie sabe que tiene. Don Carlos, el granjero estaba muy preocupado por su Rebeca, ya que era una gallina muy ponedora, su huevos eran los más grandes y sabrosos, la mayoría resultaban tener doble yema. Lo que más se venden, en el mercado del pueblo, son los huevos de Rebeca, principalmente. Don Carlos se va todos los días al mercado a vender los productos que elabora y le proporcionan los animales de su granja. Es un buen hombre, ama a sus animales, por eso sólo vende lo que ellos le brindan, más no mata a ninguno para destazarlo y venderlos. Se dedica a la venta de lácteos y a la avicultura.
Hace muchos años, Don Gumaro le regaló a Don Carlos un arpa, le dijo que era un instrumento mágico, pero Don Carlos no le creyó. Cuando se la regalaron se encontraban en la granja, al marcharse, Don Gumaro, Don Carlos colocó el arpa detrás de unas pacas de alfalfa y allí quedó oculta por muchos años.
De pronto Gertrudis, una vaca que sólo tiene un cuerno, porque el otro se le rompió cuando era pequeña, jugando con Eleodoro, un cordero muy ágil y veloz, al toro salvaje, Eleodoro esquivó a Gertrudis y ésta ensartó su cuerno derecho en el manzano, quedando el izquierdo libre, en el aire, no la podía quitar y los más practico fuer cercenarle su cuerno derecho. De pronto, al llegar Don Carlos con otro veterinario para que revisara a Rebeca, Gertrudis se asustó al oírlos entrar, hizo un movimiento brusco, tiró las pacas de alfalfa y apareció el arpa envuelta en su estuche, tal y como se la había entregado Don Gumaro. Terminó la consulta, el diagnóstico del zootecnista fue: es cuestión de tiempo, Don Carlos, sólo hay que esperar el momento fatal. El veterinario se marchó. Don Carlos cogió el arpa, la abrió, se dio cuenta que es un arpa de oro. Comenzó a tocarla, pensó, tiene cuerdas, sé tocar la guitarra. Todas las tardes, mientras se va ocultando el sol, él toca y canta canciones para alegrárle la vida a sus animales. Toca para ellos. Se sentó en un banco, triste por la salud de Rebeca, comenzó a tocar el arpa y mientras lo hacia, Rebeca se iba recuperando. Don Carlos, al darse cuenta siguió y siguió tocando el arpa de oro hasta que Rebeca se levantó, cacareo y desovo el mejor huevo de su vida. Todos los animales comenzaron a gritar, a bailar y cantar por la alegría de ver a Rebeca recuperada, todo gracias al arpa mágica. Desde ese momento y hasta la fecha, por las tardes, al caer el sol, Don Carlos toca el arpa para mantener a sus animales sanos y felices.

Título: El arpa mágica.
Género: Cuento infantil
Fecha: 12. Oct. 2015.
Hora: 10:42 hrs.
Autor: Geremías JEMS.

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Archivado bajo Cuento, Infantil

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