El arma más poderosa.

El arma más poderosa del mundo.

En la recepción de unas oficinas esperaban dos tipos sentados a ser atendidos para una entrevista de trabajo. Uno de ellos, el primero que llegó, de clase alta, un junior, vestido con ropa de marca, lujoso automóvil en el estacionamiento cercano, reloj fino. Navegaba a través del inmenso mar del internet, en su trasatlántico de diez y ocho pulgadas, que por logotipo, en su reverso, gravada está la fruta más saludable, o sea, una manzana. Un chico muy altivo, que ha tenido todo lo que ha querido en su vida; el segundo, sencillo, de clase humilde, su vestimenta desfasada, nada combinada, muy austero, sin reloj, pulsera, nada de lujos, nada de dispositivos electrónicos, salvo un teléfono celular muy austero, sin cámara y, mucho menos, sin internet, sus redes sociales no son virtuales, son reales. En lugar de estar a la moda con la tecnología, él sostiene entre sus manos un libro que lee emocionadamente. A comparación del otro chico, a éste, le ha costado mucho trabajo conseguir lo poco que tiene, pero, de igual manera que el otro chico, el del dispositivo electrónico, se siente con toda la confianza del mundo para lograr obtener el puesto que esta empresa requiere.

De una oficina sale un señor de edad madura, presentable. Nada ostentoso, sencillo. Observa a los dos chicos que esperan ser entrevistado, su mirada se detiene en el primer chico, no sesga su mirada; al otro, ni lo miró, al parecer ni se percató de su existencia. La chica de la recepción, una chica guapa, de buena figura, con ésa voz sensual que enamora al escuchara por teléfono, le comentó al primer chico, con cierta emoción, él es el dueño, y te observó detalladamente, seguro serás el elegido, comentó la recepcionista con cierto desprecio hacia el otro chico, pero éste ni se inmutó. De pronto, sonó el timbre del teléfono, la chica contestó y lo único que decía era, sí señor, sí señor… Colgó la bocina, e, inmediatamente, le indicó a cada uno que pasara a diferente oficina para que fueran atendidos.

En la oficina del primer chico no había nadie, tuvo que esperar treinta minutos para que fuera atendido; en la otra oficina, el segundo chico sí fue atendido inmediatamente. Al final, ambos salieron al mismo tiempo. Al encontrarse, los dos chicos a las a fueras de las respectivas oficinas, de donde fueron entrevistados, se miraron. El primero muy sonriente, el segundo, simplemente impertérrito. El primer chico le espeta al segundo, con una sonrisa inmensa, no puede ser posible, en eso, el señor maduro, dueño de la empresa entraba, y al escuchar el comentario del primer chico, le responde: No hay mejor arma, en las manos, que un libro. El propietario colocó su brazo entre los hombros del segundo chico y le solicitó que lo siguiera para que comenzara a laborar en su empresa. Él sería su asistente personal a partir de ese día. Lo que dejan los libros: el arma más poderosa del mundo. El segundo chico, al empresario, le recordó, cuando y como inició, desde abajo, luchando, hasta llegar a ser propietario de una gran empresa.

Deja un comentario

Archivado bajo Cuento

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s