La Enojona.

Abrió el cuaderno, buscó una hoja en blanco para comenzar a escribir. La hoja estaba durmiendo. Su mente en blanco. La pluma comenzó a escribir sobre la hoja. De pronto la hoja despertó, sintió cosquillas, cosquillas que la pluma le provocó. Leyó lo escrito, se estremeció. Se arrugó, se estiró, con demasiada molestia. Sacó todas las letras, las escupió. La pluma, espantada, dejó de escribir, se hizo a un lado, se cubrió de las letras que la hoja le arrojaba. Quedó en blanco la hoja. Ya que terminó, la hoja, de vaciarse, y volvió a quedar en blanco y bien estirada, la pluma, enfadada, le preguntó: ¿Por qué me has arrojado todas las letras que escribí? La hoja, indignada, le respondió, por la sencilla razón de que no sabes escribir, tienes demasiada faltas de ortografía. La pluma entristeció. La hoja pensó, y, después, le comentó, no te preocupes, yo te enseñaré a escribir mejor. Ahora, la pluma se ha vaciado, se ha quedado sin tinta, toda la tinta ha quedado plasmada en varias hojas que ahora son hermosos textos para niños. Está, la pluma, en espera de más tinta para continuar su hermosa labor: Escribir.

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