¿Por qué el amor es egoísta?

El ser humano es un ser que desde pequeño se le inculca un estilo de vida, una forma de vestir, de pensar, una creencia religiosa, una filosofía, principios ético y morales, se le enseña a respetar y a amar.

¿Hay diferentes tipos de amor?, el amor a los padres, a los hermanos, más en general, a la familia, a los amigos, incluso a los animales, a las mascotas, desde perros, gatos, pájaros, etcétera.

¿Uno nace por amor y crece con amor? ¿Pero ese sentimiento, dónde se genera, en el corazón o en la mente? Respondiendo al primer planteamiento, el fin de tener relaciones sexuales bajo el rubro por amor es: hagamos el amor para engendrar un hijo, que sea la representación del fruto de nuestro amor y a partir del nacimiento del hijo se le comienza a hablar con cariño y amor, inicia el proceso de transmitirle los principios bajo los cuales crecieron los padres. No todo individuo nace por este sentimiento, consideremos a la mayoría en que sí nace por amor y una minoría que no. Hay caso en que algunos son fecundados por un erro, llamemos error al caso en el que dos seres, ya sea, por un rato de diversión o por curiosidad, por una violación, o sea, que no son procreados a través del acto sexual que es denominado amor. En cuanto al segundo planteamiento, el corazón es tan sólo un músculo, el cual, si deja de funcionar, es más que sabido, que  se muere uno. Si el corazón deja de latir uno deja de sentir, se pierden o se mueren todos los sentidos, esa es la circunstancia por la cual se  dice que el amor o los sentimientos recaen en este músculo. Quieres dejar de sentir, apaga tu corazón. Mientras el corazón irrigue sangre, el cuerpo sentirá.

Ahora, hablemos del cerebro, es quien dictamina que es lo que tenemos que hacer, es el que manda las señales, por ejemplo, al pincharnos un dedo con un alfiler inmediatamente el sistema nervioso manda la señal al cerebro indicándole que hay dolor, que quitemos el dedo, es una reacción inmediata. Pero qué pasa cuando la persona que amamos  nos hace daño, por ejemplo, el sistema nervioso no manda la señal de aléjate, eso duele.  Habrá caso o personas que sí se alejen y otras que no, que se aferren hasta lograr esa armonía, cosa que a fuerza…

La realidad es que el sentimiento del amor, más que un sentimiento es una idealización, un estado de ánimo generado en la mente, que bien lograda puede llevar a dos individuos a convivir en armonía hasta el fin de la existencia de estos dos seres, pero en el caso de no lograrlo, esa idealización se frustra. Para lograr la armonía uno tiene que experimentar, o sea, conocer varias personas hasta encontrar a la correcta, pero, por otro lado, se sabe que “uno nuca termina de conocer a las personas e, incluso, a conocernos nosotros mismos”.

Ahora, bien, durante el proceso de búsqueda de la persona adecuada para lograr una convivencia que nos dé una estabilidad emocional, en un principio, y después los demás rubros: económicos, ideológico, filosóficos, culturales o a fines a los nuestros, etcétera, en esta etapa es en la cual el amor es egoísta, ¿por qué? ¿Qué pasa si se llega a encontrar una persona que nos llega a atraer en algún aspecto, pongamos por ejemplo, que dicha persona nos atrae pero cuenta con algo que no nos agrada en lo absoluto y eso es su forma de vestir, ésta no concuerda con la que se desea, que no es a fin a la nuestra, es más, nada de su apariencia, entonces, se estaría de acuerdo en cambiar la de uno aunque no nos agrade a nosotros mismos cómo nos veamos? Muchos dicen que la que me ha de querer me tendrá que aceptar tal cual y como soy, me veo, me visto, me aceptará así, sin más. Uno se va integrando a los círculos sociales que cuentan con las mismas características que las de nosotros y dentro de este círculo buscamos a la pareja, pero si ésta no se encuentra en este entorno, sino en otro y para la conquista hay que modificar nuestra forma de ser, ¿se estaría dispuesto a cambiar?

Sí, el amor es demasiado egoísta. Muchas personas sí están dispuestas a cambiar su apariencia o su estilo de vida por tratar de conquistar a la persona deseada. Porque en este proceso dejamos de pensar en nosotros, pensamos más en la otra persona, ¿le gustaré cómo me veo? ¿estoy bien vestido? ¿le gustará el pantalón? ¿le gustará cómo huelo? ¿y si me cambió de camisa porque tal vez esta no le guste? ¿ella habla con propiedad y yo soy impropio, tendré que hablar correctamente desde ahora? Y nos olvidamos de nuestros gustos, preferencias, creencias, ¡ah!, porque si resulta que ella pertenece a una religión diferente a la que profesamos, ¿estaríamos dispuestos a cambiar? Se dan situaciones en la que los individuos cambian radicalmente en su totalidad.

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