El complot mongol.

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Eran finales de la década de los años 60´s. México terminaba de vivir un acontecimiento de lesa humanidad, perpetrado por un gobierno temeroso  y nervioso, por un movimiento estudiantil, “el cual era sospechoso de comunista y lo que intentaban era arruinar las olimpiadas de 1968”, por eso los mataron. Pero ese año sólo hubo olimpiadas, recuérdenlo bien. Medalla de oro para el gobierno de Díaz Ordaz. El mundo estaba en un proceso de cambio, por un conflicto de clases sociales entre capitalistas y comunistas. Por el dominio del mundo.

Rafael Bernal (Ciudad de México, 1915 – Berna, Suiza, 1972) nos relata un poco de cómo México vivió estos movimientos a través de su novela “El complot mongol”, situándonos en una colonia del D. F., dentro de un barrio chino, ubicado en la calle de Dolores, el cual, más que un barrio chino, da el aspecto de una calle vieja donde han anclado algunos chinos, huérfanos de dragones imperiales, recetas milenarias y de misterios.

Este relato, con un léxico ad hoc a la década, nos cuenta, Bernal, como un policía de nombre Filiberto García  se interna en el barrio chino para investigar sobre la Mongolia exterior: buscando comunistas internados en el país. García frecuenta el barrio chino, allí tiene muchos amigos, pero más quenada frecuenta la tienda del chino Liu quien tiene una ayudante oriental que está muy buena ¡pinche Marta!

Mientras García anda en busca de chinos comunistas, también busca la manera, más que de enamorar a Marta, de cómo tener relaciones sexuales con ella. La dependiente de la tienda del chino Liu cree ser el objeto de la investigación del policía a causa de su situación migratoria. Mientras tanto, Filiberto es asechado por un polaco que más que polaco parece un paisano, con  tipo de norteño, de allá de Monterrey. Ella lo espera una noche al salir de trabajar para solicitar la ayuda de Filiberto para que, éste, no la deporte. Marta se oculta en una calle obscura, cuando le ve cerca lo coge del brazo y lo hala hacia ella para explicarle su situación migratoria en el país, y le pide de favor que no la deporte. Pero él comienza a imaginar que ya la tiene, que es su oportunidad. Cuando García se entera de la situación por la que esta atravesando, Martita, él le ofrece su ayuda esperando sacar ventaja de la misma, pero la tranquiliza. Él se percata de que lo están vigilando. Sin que ella sospeche nada la invita a su departamento para estudiar el caso. Mientras se dirigen caminando hacia su domicilio, él se da cuenta de que los están  siguiendo en un auto. Realizan una maniobra para despistar a sus vigías. Al entrar los dos al departamento del policía él es agredido por el polaco; Marta lo ayuda golpeándole la cabeza, al polaco; el policía apuñala dos veces a su agresor y éste muere. Ella piensa que lo ha matado. Él le muestra lo contrario. García comienza  a maquinar lo que pasaría si ella se le acerca en esta ocasión, pero el cadáver le estorba, y entre tasas de café con coñac, decide deshacerse del muerto. Lo baja y mata al cómplice del paisano, que lo está esperando de bajo de su departamento en un coche. Filiberto estaciona el coche tres cuadras delante de donde estaba, con  los dos muertos a dentro del vehículo. El policía sigue imaginando como hacer para que ella se le acerque para tener relaciones sexuales. Marta le ofrece su apoyo en caso de que requiera un testigo a favor del policía. Él se siente un poco estúpido al no lograr acercarse a ella. Y piensa que está actuando de manera paternal  ¡pinche padre!

La historia culmina con la muerte del polaco y su cómplice, que al parecer tiene cierta relación en el caso de la Mongolia exterior; imaginando como va a lograr, García, acercarse a Marta para tener relaciones sexuales con ella; recordando como murió su amigo Zambrano; y la situación que vivió en Yurécuaro, de donde es él, cuando fue sorprendido por el padre de Gabriela, una de las tatas novias que tuvo el policía. Esta historia construida entre un soliloquio mental de García imaginando lo que haría en cuanto Marta se le acercase; si es que en México existen chinos pertenecientes al movimiento comunista de Mao Tse Tung. Rafael Bernal nos deja en suspenso, para que nosotros, los lectores, imaginemos si Marta, el polaco y su cómplice pertenecen a la Mongolia exterior o no.

Una novela con una prosa sencilla y nada rebuscada, divertida. Rafael Bernal nos presenta esta historia llena de suspenso e intriga, escrita en 1969,  El complot mongol.

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2 comentarios

Archivado bajo Libro, Reseña

2 Respuestas a “El complot mongol.

  1. Excelente tienes buena capacidad de analisis!

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