El Chulo.

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Era un objeto sexual. Así lo utilizaban mis vecinos. Él tiene alrededor de 30 años, tiene cuerpo atlético, no es mal parecido.

Nunca supo hacer nada por sí solo, siempre le tenían que indicar cual era su tarea. Las realizaba a la perfección, siempre y cuando así se las indicaran. Era un autómata. Se dedicaba a barrer las calles de la colonia en donde vivo. Su nombre nunca lo supe, pero le mentaban con el apodo de “el Chulo”.

Su vida sexual – y vaya que si lo fue- comenzó aquel día en que, por la mañana, y muy temprano, le dio por orinar en un costado de uno de los cinco edificios, de tras de un árbol. Puesto que, el hombre ya no se aguantaba, y siempre tenía que recurrir a orinar o defecar a escondidas. Ya sea escondido de tras de un árbol o de un automóvil, pues no contaba con baño y era difícil que algún vecino le facilitara uno. Justo ese día, mientras desenfundaba su arma para orinar, en ese preciso momento, se le ocurrió salir a tirar la basura a una vecina que, no es que sea puta, sino que las nalgas la traicionas, o en otros términos, es de moral distraída, pero muy distraída, lo observó, y descubrió que el Chulo tenia un ENORME talento, y a ella, en cuanto lo vio, se le hicieron agua las nalgas. Y es que, el Chulo tiene un tolete del tamaño del de un policía.

La vecina fue, entonces, a parársele detrás, y esperó a que terminara, él no la sintió, y al voltear se asustó, el Chulo. Ella le entregó su basura, le dio su propina y le solicitó que la acompañara a su departamento. Él, que es una persona que hace todo lo que le indican, sin chistar, aceptó sin decir nada. Abandonó su carro de basura y la siguió. Es un tipo muy callado, nunca pregunta nada, y sólo responde, a veces, con puros monosílabos, eso si sabe la respuesta, si no lo que hace es sumir el cuello entre los hombros y decir no sé.

Hasta eso, cuenta con algo de educación. Al llegar al departamento, ella abrió la puerta, él esperó a fura hasta que lo invitara a pasar. Anda, hombre, entra, no te quedes ahí, el Chulo entró. Debido a su trabajo era un hombre sucio y olía mal. Como todo autómata, sino le solicitaban que tenía que bañarse no lo hacía. Ya adentro, en el departamento, la vecina cogió una silla, se sentó y se puso a observar, detenidamente, al Chulo. Eres guapo y estás muy bien dotado, le comentó. Le solicitó que se metiera al baño y que se desvistiera para bañarlo. Mientras se desnudaba en el baño ella se fue a poner una bata, entró al baño, preparó el agua y lo metió a bañar. Mientras lo enjabonaba le preguntó que si ya había tenido relaciones sexuales, a lo que respondió que no, ni siquiera sabía que era eso. Entonces ella le comentó que le enseñaría el arte del placer, pero que tenía que dejarse hacer y hacer lo que ella le indicara. Aceptó. Qué otra le quedaba al pobre Chulo.

Entonces, ella se hincó, y con el zacate y el jabón comenzó a frotarle su tolete, y mientras se le enderezaba le preguntaba si le estaba gustando y si lo estaba disfrutando, a lo que asintió, el Chulo, con una cara de borrego a medio morir. Mi vecina estaba maravillada con el juguete del Chulo, y se sentía como niña con juguete nuevo. Después del baño pasaron al cuarto, de allí a la sala, y así se la pasaron hasta la media tarde. Mientras tanto, los demás vecinos estaban enfadados porque por ningún lugar aparecía el Chulo y su carro de basura ya se había saturado de bolsas. Mi solícita vecina, a los placeres, le suplicó al Chulo que no divulgara lo acaecido, pero de qué se preocupaba ésta, si sabía que el Chulo casi era mudo – si no hay preguntas, no hay respuestas, pero estas últimas eran demasiado escuetas, con un simple sí, no o no sé.

Al salir del departamento de la vecina, el Chulo se dirigió en busca de su carro como si nada hubiera pasado. El no entendía de estas cosas, su cerebro no captaba nada de lo acontecido. Simplemente había sido una tarea más. Él nunca mencionó nada sobre los placeres que le brindaba la vecina. Ella lo disfrutó bastante tiempo hasta que se le ocurrió la idea de publicitarlo entre las demás vecinas, las que requerían de estos servicios para sazonar su vida rutinaria. También lo publicitó dentro del circulo gey de la colonia, en el cual fue un hit. Al Chulo no le afectaba en nada si penetraba o era penetrado, a él le daba lo mismo, su cerebro no razonaba lo que acaecía. Nunca se enamoro y nunca nadie se enamoro de él. Los vecinos lo utilizaban como un objeto sexual.

Un día que la vecina requería de sus servicios para llevarlo con otra, descubrió, en la misma posición que al Chulo, a otro barrendero, pero con un tolete no tan agraciado como el del Chulo. La vecina le preguntó por éste, y él le respondió que no lo conocía, que rea nuevo en el ramo. Y, a partir de ese día, jamás se supo ya nada, en la colonia, del Chulo. Hasta que, pasados tres años, me lo encontré en otra colonia, de las que llaman pedregales, vestido de traje, y muy sonriente, de la mano de una doña de la alta sociedad.

2 comentarios

Archivado bajo Cuento

2 Respuestas a “El Chulo.

  1. Y se volvió Político el chulo.. jejeje..
    Mi amigo me hiciste el día, con tremenda historia, me encanto, por cierto esa frase de moral distraída me gusto mucho, yo podría aplicarla en algunos casos conocidos..jejeje

    besitos, cuídate este fin de semana y disfrútalo

    leyla hernandez

  2. Jajajajaja! que buen cuento! ameno y triste a la vez. Me deja pensando cómo somos capaces de utilizar a las personas como objetos de cualquier índole para satisfacer comodidades.
    Es para reflexionar…..

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