Una loquera más.

Salí de trabjar, como siempre, a deshoras, media hora más tarde de mi turno estipulado, en fin…Como siempre, me monte mi mochila al hombro, revisé que todo estuviera dentro de ella; mi libro, el que estoy leyendo “La Rebelión de Los colgados”, de Bruno Traven; mi disck man, todo estaba allí, en su lugar. Apagué la luz, la impresora, puse la contestadora, puse el fax en automático y cerré con doble llave la puerta de la oficina…a, y fui a cerrar la puerta de Sexto Sentido, otra oficina, y me salí para emprender mi camino a casa.

Por lo regular me regreso a casa caminando y escuchando buena música. En esta ocasión le toco el turno a mi cd de El Real De Catorce, el mejor grupo de blues mexicano que ha existido por los decenios de los decenios, a partir de los 80´s, la decada más bella de la música…mi mp3 con su discografía completa. Busqué una canción al azar y fue la rola número quince la cual se títula “Contraley”…y, que se haga tu voluminosidad Santa Madre Del Rock And Roll: o sea que le subo el volumen. Empiezo a caminar con paso apurado mientras cantaba la canción “Eres mi amiga de invierno…llegas como una princesa ante su príncipe vago…como serían las ciudades en otras vidas…como dos niños corriendo, trás un buen día…bajo este pelo de lluvia en contraley…”, y que aflojo el paso y que me pega el sentimiento…termino la rola.

Cuando abrí los ojos me encontré sumergido en el centro de coyoacan, cantando “mira este de voto amor desnudo y temeroso”. El paso se hubo aflojado aún más, no quería llegar a casa, quería irme con el blues, hasta donde se escuchará mi vos, hasta allá. El camino era tan corto y el blues tan largo…no quería que se me acabara el andar, así que hube de acortar la sancada.

El cendero hacia casa es tranquilo, no hay mucho tránsito por donde me regreso. El estruendo desafinado de los automotores y sus claxon, nuevamente, me hicieron levantar mis párpados…me di cuenta de que, por más que alenté el paso…el blues llegaba a su término…cuando reaccioné por los ruidos intolerantes, me di cuenta de que estaba bailando, en la esquina de Miguel Angel de Quevedo y Zaragoza, del lado donde está ubicada la casa del, ya fallecido, RIP, “El Indio, Fernández”, el swing “gárgaras”. Me quede bailándolo hasta su última nota, duro un semaforo. Dos chavas que estaban esperando para cruzar dicha calle, volteron a verme…y que las saco a bailar. Bailamos mientras cambiaba de luz el semáforo…cambio de verde a rojo, se acabo el baile, nos soltamos, nos cruzamos…la calle, cada uno siguió su andar, y llegue a casa. El blues se terminó.

¡Qué loco!

1 comentario

Archivado bajo Loqueras

Una respuesta a “Una loquera más.

  1. MiNe

    Lo bueno es que la pasas muy bien de camino a casa… Ya vi que si te pusiste a escribir. Saludos Nene.

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