Cachonderías Nocturnas…nada más que éso.

Son las 23:05, voy terminando de leer esta nota del periódico La Jornada y la neta…voy a tener sueños humedos…hace mucho que no…sueño. Está super cachondux, leelux. Voy al bañux…regresiux…¿tardiux? Lo que durex.
jajajajajajajajajajajaja…

Alonso Ruvalcaba
Erecciones y humedades

… QUE, OBVIO, es lo único que importa. Hay quien cree, no sé bien por qué, que el pornosoneteo es cosa reciente. El primer Jardín de Venus, que es anterior a 1589, trae como 40 sonetos lujuriosos, algunos cachondísimos, como para ya variarle al Assparade, a Dulce María o a los recuerdos del Boy Bar. Este, por ejemplo, que trata la homosexualidad con un ojo nada común para la época (solía ser materia de sátiras pasadas de lanza):

Hallándose dos damas en faldeta/ tratando del amor con mucha risa,/ se quitaron faldetas y camisa/ por hacer más gustosa la burleta.

La una con la otra recio aprieta/ mas dales pena ver la carne lisa./ Entonces llegó Amor con mucha prisa/ y puso entre los dos una saeta.

La una se apartó muy consolada/ por haber ya labrado su provecho,/ la otra se quedó con la agujeta.

Y como se miró, viéndose armada, por el daño que el dómine había hecho/ le puso por prisión una bragueta

ES CACHONDISIMO, SOBRE todo los dos primeros cuartetos, con las caricias y la carne lisita de las damas, y hasta la llegada de Cupido con su dildo. Un dildo natural vive en un soneto cuyos cuartetos dicen:

Tú, rábano piadoso, en este día/ visopija serás en mi trabajo;/ serás lugarteniente de un carajo,/ mi marido serás, legumbre mía.

Un poquito más largo convenía,/ mas no importa, que irás por el atajo./ Entra de punta y sácame de cuajo/ las gotas que el que pudre me pedía:

¡QUE RICO, CARAY! También esta chavita se masturba que da gusto:

Rapándoselo estaba cierta hermosa,/ hasta el ombligo toda arremangada,/ las piernas muy abiertas, y asentada/ en una silla ancha y espaciosa.

Mirándoselo estaba muy gozosa,/ después que ya quedó muy bien rapada,/ y estándose burlando, descuidada,/ metióse el dedo dentro de la cosa.

Y como menease las caderas,/ al usado señuelo respondiendo,/ un cierto saborcillo le dio luego…

O SEA QUE la depilación no es taaan siglo veinte. En Des dames galantes Brantôme dice: Aucunes, au contraire, se plaisent le tenir et porter raz, comme la barbe d’un prestre, al ras, cual barba de curita… Pues sí, suena misógino pero ni modo: en la calentura lo que menos [me] importa es la corrección política. Según los estándares del siglo de oro, casi todas las mujeres querían que las forzaras, aunque fuera un poquito. Hay muchos sonetos sobre el asunto; el mejor, para mí, es éste:

Aquel llegar de presto y abrazalla,/ aquel ponerse a fuerzas él y ella,/ aquel cruzar sus piernas con las d’ella/ y aquel poder él más y derriballa;

aquel caer debajo y él sobr’ella,/ y ella cobrirse y él arregazalla,/ aquel tomar la lanza y embocalla,/ aquel porfiar dél hasta metella;

aquel jugar de lomos y caderas,/ y las palabras blandas y amorosas/ que se dicen los dos, apresurados;

aquel volver y andar de mil maneras,/ y hacer en este paso otras mil cosas/ pierden con sus mujeres los casados.

PODRIA HABER SIDO escrito esta mañana. Este otro es como su hermano:

Primero es abrazalla y retozalla/ y con besos un rato entretenella./ Primero es provocalla y encendella,/ después luchar con ella y derriballa.

Primero es porfiar y arregazalla/ poniendo piernas entre piernas d’ella./ Primero es acabar esto con ella/ después viene el deleite de gozalla.

No hacer, como acostumbran los casados,/ más de llegar y hallarla aparejada,/ de puro dulce, creo, da dentera.

Han de ser los contentos deseados;/ si no, no dan placer ni valen nada;/ que no hay quien lo barato comprar quiera.

Y NO SOLO por el ritmo y las rimas de los cuartetos sino por el asunto de fondo: como todo el mundo lo sabe, el matrimonio es el más sangriento asesino de la cachondez. Hay decenas de poemas que tratan de eso. En el Jardín hay, cuando menos, siete; como el que empieza:

­El que tiene mujer moza y hermosa/ ¿qué busca en casa y con mujer ajena?/ ¿La suya es menos blanca y más morena,/ o floja, fría, flaca? ­No hay tal cosa.

POR SUPUESTO, LO que el hombre busca no es mujer,

que ya la tiene:/ busca el trabajo dulce de buscalla,/ que es lo que enciende al hombre el apetito.

PERO, QUE NI qué, las mujeres también siempre quieren irse. Son incontentables, ¿no? El pobre de Catulo le promete a su dulce Ipsitila nueve acostones, nouem continuas fututiones, pero, obvio, eso no podría satisfacer, digamos, a la protagonista de este soneto manchadón (y cachondo, sobre todo los cuartetos):

Entre unos centenales yo vi un día/ dos hombres y una moza hermosa entre ellos;/ jamás faltaba encima el uno d’ellos:/ cuando acababa el uno, otro subía.

Cada qual su deber muy bien hacía,/ mas pudo tanto más ella que ellos,/ que, después de cansallos y vencellos,/ aun le quedaba brío y lozanía.

Cansada (dijo) estoy: cosa es posible,/ que no hay tal ejercicio que no canse,/ por más que sea gustoso y deleitable;

pero quedar contenta es imposible:/ que el apetito mío es insaciable,/ y no consiente el cuerpo que descanse.

O A LA de aquel otro, que es una queja constante, con la dificultad técnica de que está en x:

No me parió mi madre Celinpux/ para estar encerrada como trox:/ dormir sin hombre cinco noches, ¡ox!/ ¡Cuál estuviera ya mi dingandux!

Tuviera la color de almoradux/ si, tantas cuantas veces da el relox,/ no l’estuvieran dando con el box/ y, puesta yo a primera, hiciera flux.

Ya se me fue mi cara-de-almofrex,/ aquel que me hacía decir “¡hix!”,/ tapándome la boca al decir “¡ax!”

Y pues está tan seco ya mi brex/ después que se me fue aqueste mi dix/ yo quiero flechas para mi carcax!

PARA ENTENDERLE, NOMAS hay que dejarse llevar por la música. Todo él es tan “absurdo” y tan extraño que su sentido se revela solito. Hay un soneto, el que empieza ¡Afuera, que me jodo de montante!, que es bien raro porque no es misógino sino “feminista”, y además la mujer, que es la que embiste, está flaquita; su sabrosísimo segundo cuarteto dice:

Yo confieso flaqueza en el semblante/ porque es el tallecillo algo buïdo,/ más jamás se quejó de mal jodido/ carajo que cogiese yo delante.

Y LUEGO AGREGA: el tuétano sabroso está en los huesos. Y sí, la neta, muchas veces es cierto. Aunque no siempre:

Entre delgada y gruessa es la figura/ que ha de tener la dama si es hermosa;/ y en medio de negrura y de blancura/ es la color de todas más graciosa;/ en medio de dureza y de blandura/ la carne de la hembra es más sabrosa./ En fin ha de tener en todo el medio,/ pues lo mejor de todo es lo del medio.

¡CONTUNDENTE! Y HABLANDO de lo del medio, qué tal este fragmentazo “conversacional”:

A la orilla del agua estando un día/ agena de cuidado una hermosa/ de se mirar su ynfierno deseosa/ por verse sola allí y sin compañía,/ la saya alzó, que a vérselo ympedía,/ y pagada de ver tan bella cosa,/ le dijo con voz alta y amorosa

QUE ALLA DENTRO del alma le salía:

“Por vos soi yo de tantos reqüestada,/ por vos me dan aljorcas, gargantilla,/ corpiño, saya y manto para el frío./ Un beso quiero daros”…

“DIME QUE NO y suéltame un sí camuflajeado”, berrea el pobre de Arjona. Lo que quiso decir es lo mismo que todos los poetas y los hombres llevan diciendo desde siempre: déjate requebrar. Por supuesto, le faltó la gracia y la técnica de algunos jefes del siglo de oro. Yo, obvio, me quedo con este soneto:

¡Qué alegres son al triste enamorado/ las iras de su dama con blandura!/ Aquel: “¿Estáis en vos? ¡Qué gran locura!”/ Aquel: “¡Quitaos dahí, desvergonzado!”

El santiguarse: “¿Cómo habéis entrado?”/ El argüir la fama con cordura,/ el tierno desmayar y la dulzura/ de aquel: “¡Ash, que lo oirán, ash, que es pecado!”

El falso defenderse, el maleficio,/ las lágrimas, el “¡ay!”, el “Yo os prometo”,/ el “Creo que me engañáis como enemigo”.

Aquel: “¿Dó estaba yo? ¿Tengo juïcio?”/ Aquel: “¡Cuál me dejáis! Tened secreto.”/ No hay mal que tanto bien traiga consigo,

CUYA PROTAGONISTA SE deja requebrar tan entrañable y sabrosamente. Me quedo con él, y voy al baño.

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