La mirada de todos los hombres estaban perdidas, divagando en el centro comercial; no precisamente viendo la mercancía. Al parecer todas las nenas se pusieron de acuerdo y se vistieron con sus ropas mas sensuales.
Allí iba, empujando su carrito, entrando a buscar lo que mercaría la chica de los hot-pans negros con su top lila y sus tines rosas, su chamarra de torero, de mezclilla la cual dejaba ver su cintura ¡y qué cintura!; chaparrita pero sustanciosa. Atrapó la mirada de todos los hombres, tanto de chicos como de grandes; lo malo es que iba acompañada, del brazo de, quizá, su galan en turno, un cachichurris (diría Leyla). Atrás de mí, un par de jóvenes, quienes comentaban:
- mira que figura, que cuerpo…
-sí, y mira con que pendejo anda…
A lo que yo respondí, dentro de mí: si buey, quién es el pendejo, él por andar con ella o tú por andar con tu amigo…Y es que el andar, la cadencia de sus caderas…¡qué cosa!
Pero ella no fue la única nena.
De pronto la perdí. Yo continúe mí recorrido por los pasillo, tratando de buscar lo que necesitaba. Me fuí encontrando con más nenas, todas, en su mayoría traían hot-pans, que lindas se ven con ese tipo de ropa, también traían; algunas nenas, ombligueras; otras, playeras escotadas; iban mostrando su…bella figura, todas y de todas las edades.
Cuando terminé de adquirir todo lo necesario, me dirigí hacia el área de cajas; en todas había mucha gente; eran grandes las filas. Me formé en la que menos gente se encotraba, pero el chico que se encotraba delante de mí, llebaba consigo un chingo de cosas; y yo sólo dos cosas, maldita sea y con este puto dolor de cabeza que me cargo desde ayer – pensé-, ni pedo. Después de un par de minutos oí la dulce y sensual voz de una chica que me pedía permiso para pasar y…¡Oh! Sorpresa, era la chica del hot-pans negro con el top lila y los tines rosas y la chamarra de torero. La deje pasar; que rico olía; que hermoso cabello, rubio; su piel, como de durazno; sus facciones muy finas, parecia muñeca de porcelana, ¡Qué linda mujer! El chico que estaba delante de mí era el chico que está cachichurris, un mamastlán, de ésos que se la viven en el gym; bien peinado, con su pelo engomado, su barba bien rasurada, todo un galan de telenovela. Las miradas de todo el mundo estaban puestan en la pareja…uno que otro señor se llevo su buen pellizco y otros su buen regaño; las señoras también salieron regañadas y, algunas, hasta con nalgada; el cajero, un jóven muy introvertido y tímido, se puso nervioso y se alento en su trabajo; yo, hasta me olvide del dolor de cabeza.
Yo estaba distraído, admirando la belleza de la mujer rubia despanpanante, hasta que después de un rato le puse atención al chico que acompañaba a la nena y me di cuenta de que no eran novios, lo note por su forma de expresarse. Las mujeres que estaban alrededor de la pareja y que estaban suspirando por el galan, dejaron de hacerlo cuando lo escucharon hablar, y, más aún, cuando vieron sus ademanes, el hombre no eran tan hombre…el chico cachichuris y la chica rubia del hot-pans negro con…eran manigüis, muy amigas.
Que decepción para las nenas que admiraban al galan.

3 comentarios
Enero 16, 2007 a las 6:45 am
hay.. que colorido.. se ve muy coquetiux.. nene.. estas trabajando muy duro!
Ya tenias el reloj!..o luce mas ahora por el fondo!
Enero 17, 2007 a las 6:04 am
claro k si
Enero 18, 2007 a las 11:55 am
Desafortunadamente esa situación está ocurriendo más frecuente de lo deseado. Sin embargo, la belleza física no deja de admirarse.
Abrazos!